Carlos Amaya y Ramiro Barragán: ¿Los divisores de Boyacá?

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Por: Benedicto Truman

A partir del Concilio Vaticano II y aupada por las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano CELAM Medellín 68´ y Puebla 79´, la máxima de la Unidad en la diversidad ministerial parece posicionarse como una de las puntas de lanza en la gestión eclesial de la Iglesia Católica. Una sentencia que bien podría aplicarse a la administración política del Estado Social de Derecho.

Es menester recordarles al actual gobernador de Boyacá Carlos Amaya y a su pupilo Ramiro Barragán que el estado democrático que rige a la nación colombiana sentencia en su carta constitucional que “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. Parece que aquello por lo que por mucho tiempo fue acusada la Iglesia Universal ahora es sostenido sin miramientos por miembros de iglesias protestantes en el poder gubernamental, tal como veremos sucede con Amaya y Barragán.

El burgomaestre departamental, perteneciente a un credo protestante, tiene méritos para señalársele como un anticatólico que tiene en su haber la división del pueblo boyacense por cuenta de las acciones y políticas que ha promovido: el impedimento de la visita de su Santidad Francisco a la región durante su viaje apostólico al país en 2017, el retiro del pesebre navideño del Puente de Boyacá, la exclusión de las comunidades de fe de la construcción de las políticas públicas, la negativa a la celebración de los sacramentos en lugares públicos, la imposición de una creencia de fe con el cierre de la capilla en el edificio de la gobernación y el apartamiento de la Iglesia Católica de la celebración del bicentenario en el departamento.

Este tipo de actuaciones del mandatario se constituyen en abusos de poder que claramente inciden en la división de un pueblo toda vez que profundizan en las diferencias sin posibilidad de incoar en el encuentro de la pluralidad religiosa, política, ideológica, sexual, racial. Paradójicamente el partido que es reconocido internacionalmente por darle la voz a la diversidad y a los sujetos subalternizados de la política ha caído bajo la trampa de un fanático protestante que pretende no solamente excluir a la Iglesia de Cristo de la participación política sino que puede llegar inclusive a atentar contra los derechos de las mujeres y otras minorías que son representadas por la colectividad verde.

Las igualadas, un aparte audiovisual del Espectador que se encarga de visibilizar la lucha de las mujeres en Colombia, ha puesto recientemente en la palestra pública los atropellos de las conexiones entre política y los credos protestantes del cristianismo que desde hace unas pocas décadas han constituido partidos políticos. John Milton Rodríguez y Ángela Hernández y les faltó decir Carlos Amaya, son algunos de los enlaces entre protestantismo y Estado. Las trasnacionales de la fe con alcance político-administrativo se hacen al poder gubernamental, dicen las Igualadas, para generar retrocesos en derechos ganados –también a la tan fructífera acción de la Iglesia Católica- , esconden detrás de campañas profamilia atentados contra las mujeres, no promueven programas para apoyar a las mujeres en caso de violencia y para acabar de rematar se multiplican en plata y votos.

Por el contrario en consonancia con lo anotado en los primeros párrafos, los altos jerarcas de la Iglesia Universal en el marco de estas elecciones promueven: la consolidación de un proyecto común desde los territorios, la oportunidad de reforzar valores que sustentan vida social como el respeto por el ‹‹otro›› y lo ‹‹otro››, la procura del bien de todos –y no sólo de los cristianos protestantes-, la presentación de propuestas integrales y no partidistas, el afianzamiento del trabajo por la reconciliación y la convivencia pacífica –incluso entre credos religiosos y religiones-, la conducción del bien común –no sólo del bien pensado por las facciones protestantes del cristianismo-.

El Benemérito Padre Francisco es quien ha dado muestra de los signos que necesitan guiar la unidad de la diversidad: se ha reunido con autoridades hebreas, con el Patriarca de Constantinopla, ha construido puentes con musulmanes, ha visitado lugares de culto protestante en Roma, le ha dado cabida en el Sínodo de la Amazonía a referencias a la Madre Tierra, ha promovido encuentros interreligiosos con hindúes. El gobernador de Boyacá tiene que mucho aprender de estos gestos de unidad de la Iglesia de Cristo. Se ve venir que sus probados gestos de animadversión contra el catolicismo y contra la participación de la pluralidad religiosa y política se repitan en Ramiro Barragán, su carta a la gobernación.

¡Alerta! Pueblo de Boyacá estén atentos contra las acciones antidemocráticas que llegan de ciertas facciones y representantes del protestantismo. Ya la arquidiócesis de Tunja interpela a los boyacenses a asegurar la garantía de la libertad religiosa y a respetar los principios básicos de convivencia y bien común sobre la base de las diferentes ‹‹formas›› de ‹‹ser››, pensar y actuar. Llama la atención a no desconocer la presencia histórica de la Iglesia Católica en los territorios, sus aportes a la construcción de país, su preocupación por los más pobres y necesitados de la mano de las ayudas de asistencia social de las diferentes instituciones de caridad de la Iglesia, su contribución a la educación formando generaciones de esperanza y su contribución en los procesos de paz y desarrollo integral de las personas.

Parece que el gobernador protestante de Boyacá, que mezcla la dominación institucional con las creencias de la fe, tiene mucho que aprender de los gestos católicos y todo parece indicar que se ha portado como un cristiano no debe hacerlo.

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