Moderación, Justicia y Piedad

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Por: Fernando Álvarez

Como si se tratara de encontrar las tres virtudes necesarias para vivir la felicidad que propone San Agustín, moderación, justicia y piedad, un juez de Bogotá decidió hacer justicia con Piedad, al condenar a la Nación a pedir perdón e indemnizar a Piedad Córdoba por las chuzadas de que fue objeto por parte del DAS. De acuerdo con su conclusión el juez considera que desde este organismo de inteligencia se promovió la publicación de información dirigida a desprestigiar a la ex senadora para relacionarla con un grupo al margen de la Ley. Existió una violación de su «intimidad, su honra y su buen nombre», según esta decisión judicial.

Como si fuera poco el Juez 38 Administrativo del Circuito de Bogotá argumenta que el modus operandi criminal que golpeó a políticos de oposición, magistrados y periodistas mediante el uso de los servicios de Inteligencia y la Contrainteligencia del Estado fue calificado por como una afrenta a la democracia para mantener el poder político transgrediendo la Constitución y la Ley.

El funcionario judicial afirma contundentemente que además, se montó todo un andamiaje con el propósito de «desprestigiar la honra y el buen nombre» de Piedad Córdoba que derivó en que iniciara una investigación penal de oficio en su contra. «El extinto organismo de inteligencia incurrió en flagrante infracción de las normas constitucionales y legales propias de la naturaleza de la entidad. Se deduce que para la publicación de los planfletos en contra de Piedad Córdoba fue necesario hacer uso de las funciones de la subdirección de Contrainteligencia y Dirección de Inteligencia por órdenes provenientes de la Dirección general del DAS”, sostiene la sentencia.

La moderación del jurista lo lleva a la conclusión de que la opinión pública se «vio moldeada por esta estructura criminal» de tal modo que sobre Piedad Córdoba llovieron toda clase de insultos y amenazas y fueron violados los derechos fundamentales de la exsenadora a la intimidad, a la honra y al buen nombre, lo cual afectó su calidad de vida, su integridad y la de su familia, generándole intranquilidad, angustia y perturbación. Este togado parece estar inspirado en la justicia divina, la cual según San Agustín “Si no somos guiados por al Gracia de Dios, nuestra justicia será despiadada y nuestra misericordia será complicidad”.

Lo cierto es que no es caridad sino justicia lo que ha hecho este juez con una persona que ha entregado su vida a las causas justas. Precisamente por su moderación Piedad estuvo siempre del lado de las víctimas del conflicto y fue la verdadera artífice del comienzo de un proceso de paz con la guerrilla, así Juan Manuel Santos la haya hecho a un lado, cuando decidió firmar los acuerdos de La Habana. Piedad Córdoba fue pionera de los acercamientos con la guerrilla y eso le costó incluso la persecución de los sectores fachos enquistados en le DAS.

Ahora en menos de 30 días deberán los organismos del estado pertinentes convocar a un acto de desagravio en el que se deberá reconocer que la intimidad, honra y buen nombre de las personas es inviolable y se deberá ofrecer disculpas públicas por los daños provocados. Pero en la búsqueda de la moderación el juez sentencia que «Los servicios de inteligencia y contrainteligenacia deben hacerse compatibles con el respeto de las libertades ciudadanas, pues no pueden servir de pretexto para desconocer el estado constitucional de Derecho”. Según este juez el Estado está facultado, a través de los servicios de Inteligencia, para velar por la seguridad nacional y que con ese fin recabar información relevante para impedir que la soberanía nacional sea golpeada.

Pero lamenta que en esa dirección se cambien los valores. Sostiene que no es comprensible que so pretexto de hacer labores de Inteligencia se empleen recursos públicos para desacreditar detractores políticos. «Toda vertiente política tiene el legítimo derecho de buscar la conquista del poder político a través de las urnas, a lo que solamente se pueden oponer los que detentan el poder mediante el ejercicio legítimo de la actividad política, pero nunca mediante el empleo de la inteligencia y la contrainteligencia para atacar el buen nombre de aquellos que son potenciales merecedores del favor popular», concluye categoricamente.

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