La ‘fuerzas oscuras’ que se resisten a salir del Ejército

En el ojo del huracán se mantiene el Ejército Nacional, por cuenta de la ofensiva mediática que mantiene la revista Semana, apoyada por algunos miembros del Ejército Nacional que se resisten a dejar la institución, pese a haber sido retirado de los puestos de mando.

La más reciente víctima de estos ataques es el general Adelmo Orlando Fajardo Hernández, subcomandante del Ejército Nacional, sobre quien recaen varios señalamientos de testigos “ocultos” y sin pruebas sustentadas.

En esta ocasión, el medio de comunicación señala que el alto oficial habría presionado a sus subalternos para desviar dineros a su favor, cuando era el comandante del Comando de Educación y Adoctrinamiento del Ejército.

Lo que llama la atención es que en este caso, al igual que en los recientes ataques contra el general Nicacio Martínez, comandante del Ejército Nacional, no hay testigos identificados y solo se mencionan pruebas que no son presentadas.

Estas constantes “revelaciones” sin pruebas y solamente basadas en versiones de ‘testigos fantasma’, son parte de un organigrama que involucra a medios de comunicación y exmiembros del Ejército que se resisten a perder el poder y buscan un cambio de mando forzado.

La cabeza de este organigrama sería el general José Alberto Mejía, excomandante de las Fuerzas Militares, quien al parecer buscaría retomar el enfoque que traían las fuerzas del Estado, enfocado en disminuir la ofensiva contra las organizaciones criminales.

Las constantes filtraciones a Semana se estarían dando por parte de hombres fieles a Mejía, que al parecer no comparten las ordenes de retomar el control territorial en las zonas de organizaciones como las Farc fueron dominantes en otros tiempos.

En diversas ocasiones, los altos mandos del Ejército han manifestado que están tras las ‘manzanas podridas’ en esa institución y que cualquier irregularidad, administrativa u operacional, está siendo investigada por los organismos de control.

La pregunta en todo esto es: ¿vale la pena acabar con la imagen de una institución como el Ejército, solo por favorecer intereses personales?, así las cosas se debe recordar que el bien común siempre primará sobre el particular y que valdría la pena que también se busque a quienes están ensuciando el buen nombre esta autoridad.

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