Falsos positivos mediáticos pretenden transformar las realidades en Colombia

El conflicto social y armado que ha azotado a Colombia desde muchas décadas atrás, ha pasado de librarse en los montes para saltar a los medios informativos y es que hoy en día la pelea es desde una pantalla de televisión, redes sociales y ediciones de prensa.

Estos casos han quedado evidenciados en la Colombia moderna, donde la cercanía del periodismo con figuras del poder echa por la borda la ética, principio fundamental de este oficio, donde se debe ser imparcial y objetivo y no un vil sirviente de un gobierno de turno.

Han sido muchos los casos de “falsos positivos mediáticos” que han sonado en el país, convirtiendo el ejercicio del periodismo en un negocio complaciente, donde lo más lucrativo es tener la primicia “oficial” sin confirmar la fuente.

Esta estrategia ha venido jugando un papel fundamental en la política en los últimos tiempos, el más reciente, el caso de la campaña de desprestigio que se ha estado manejando en contra del Ejercito Nacional y su comandante Nicacio Martínez, relacionándolos nuevamente con el refrito de los falsos positivos, un término, que todos sabemos fue inventado por Santos para tapar las denuncias del lamentable suceso ocurrido en Soacha.

Otro de los casos sonados en la política destaca el de Donald Trump, quien es conocido como el rey de las noticias falsas, puesto que todo un entramado de dimes y diretes fue su campaña para llegar al poder.

Destaca también el gobierno de Santos, donde se dieron muchos casos de “falsos positivos”, esto gracias a que él junto a su familia, lideran los principales medios de comunicación del país, poniendo a su favor información de dudosa procedencia para descalificar a sus adversarios.

Claramente ha quedado evidenciado que las mentiras y las exageraciones sobre el otro siempre van a determinar las relaciones de poder en cualquier país, y más aún si se tiene aliados que hagan eco de esas mentiras, siembren el caos y pongan la guinda del pastel: la duda.

 

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